Esto empieza en una clase con un profesor machista que tiraba comentarios a los que creía que nos tendríamos que acostumbrar, sigue con una serie de situaciones a los que todos creen que nos tenemos que acostumbrar y más o menos termina con una conversación en el metro con un koala que me dice que sólo hay que atreverse a opinar, denunciar y comentar.

sábado, 17 de abril de 2010


Nadie discute que nuestro sistema de transporte tiene defectos "técnicos" imperdonables, supongo que la mayoría de ellos se deben, en parte, porque viajamos distancias largas y tediosas.Pero no quiero referirme a estos aspectos técnicos, creo que hay ciertos factores que están en nuestras manos y que podrían hacer mucho más llevadera nuestras idas y vueltas.Señoras que te miran feo y te pegan carterazos para hacerte saber que vienen cansadas y se quieren sentar, sujetos que creen que su tipo de música es la que todos queremos escuchar y, lo que a ninguna mujer le sorprende, hombres que creen que debido al hacinamiento pueden hacer lo que quieran con sus cuerpos, y lo que es peor, con los nuestros...Estoy segura que a nadie le sorprende lo que les estoy contando, pero el miércoles vi algo que me llenó de orgullo, pero también de verguenza...
A las 7 de la tarde la micro amarilla D17 va inevitablemente llena, cuando salió del paradero íbamos todos en nuestro asientos, pero en la rotonda se subió una masa de hombres (deportistas, estudiantes, ejecutivos, no sé, dio la casualidad que eran todos hombres), tuve que correrme un poco en mi asiento porque claramente con un tipo parado al lado nadie se siente muy cómoda. En esto iba pensando cuando una mujer que estaba sentada delante mío le da unos golpecitos al tipo que iba parada al lado de ella y empujándolo con suavidad, pero con convicción le dice: "correte un poquito porfa!". El sujeto iba escuchando música, se sacó los audífonos y le pidió que le repitiera lo que le había dicho. La mujer no le tuvo que decir nada más, el gesto había dejado todo claro. Inmediatamente después de esto, el tipo que iba parado al lado mío, se corrió también... no saben el alivio que sentí.
No sé si la proximidad del tipo tenía alguna mala intención o no, el punto es que me puse a pensar que quizás no tenía la fuerza suficiente para decirle a un sujeto que se corra, que lo justifico porque la micro (o metro) va llena y fin: me cayo y aguanto. Pero es justamente esto lo que las mujeres debemos evitar, callar y aguantar!. Aún creo que no será fácil para mí denunciar un hecho así en el momento, pero gracias a esa mujer tengo claro que al que deberá darle verguenza es a él no a mi. Quizás yo un día pueda aliviar a alguien más, como ella me ayudó a mi.Y tu... te atreves a denunciar?

sábado, 27 de marzo de 2010



La noche que fui a ver la vida de Violeta Parra al teatro, salí creyendo que podía hacer en mi vida todo lo que quisiera…
Y aún lo creo de hecho, aunque la vida de pronto te haga pensar lo contrario. Y pensé también que quizás esa sensación de sentirse indestructible es lo que le falta a la mayoría de las mujeres de este país. Me rompo la cabeza cada día y noche cuando me doy cuenta que en realidad quienes fomentan verdaderamente el machismo no soy los piropos sin filtrar ni los agarrones oportunistas.
Es que hay cosas que no tienen que ver con la opinión, me encuentro con mujeres a las que puedo perdonarles algunas cosas, pero es esta generación la que tiene que despertar… hay cosas que no nos podemos permitir. Porque tenemos inquietudes más grandes que nuestra piel y nuestra forma de vestir, que tampoco tiene nada de malo tenerlo en la lista de prioridades. Pero de pronto sentí la necesidad de que existiera un espacio de expresión más allá de los tips de belleza y de cómo vestirnos según nuestra contextura corporal.
Se necesita un espacio para denunciar aquellas pequeñas cosas, anécdotas de cada día, de cada viaje en metro, de cada paseo en micro… esos detalles que no nos arruinan el día, pero que sí nos dejan pensando que hay cosas que están haciendo cortocircuito.
No se trata sólo de que el presidente diga “chilenAs y chilenOs” y que crean que eso es inclusión, que muchas veces lo parece, necesitamos que la “a” salga sola, del corazón, sin ese tono forzado. Quiero dejar de sentirme identificada con la “o”, quiero que mis profesores dejen de hablar sólo del hombre en sus clases, quiero que entiendan que es excluyente de la mujer, que si ponemos un poco de esfuerzo en decir ser humano, es cierto, no cambia el mundo, pero poco a poco va instalando el cuidado de palabras en las cabezas de todas las personas. Quiero que entiendan que no somos iguales, que la desigualdad genérica no va por ahí, que la cosa no terminó con el derecho a voto, que las mujeres de ayer no se las jugaron porque hoy podamos usas pantalones, quiero que entiendan que la revolución sí se puede hacer en falda. ¿Y tú, qué quieres?